
Los licores se han preparado históricamente para ayudar a mejorar diversas enfermedades, por ello incorporan las más diversas hierbas medicinales, especias o frutas. Durante la Edad Media solían elaborarlos los monjes en los conventos, pero se conocen preparaciones de tiempos de los romanos y en el antiguo Egipto.
Hoy día los licores tradicionales, todos a base de hierbas y especias, siguen siendo magníficos digestivos tomados tras comidas abundantes, eso sí, en pequeñas cantidades. El alcohol ayuda a dilatar los vasos sanguíneos, y por tanto a hacer la digestión. Las hierbas añaden sus propiedades medicinales.
Los licores pueden prepararse por infusión de las hierbas o especias en aguardiente u otro tipo de alcohol, pues es un gran disolvente de las propiedades de las plantas. También se les añade más o menos azúcar para mejorar el sabor. La forma preparación alternativa es la destilación en alambiques, con lo que se aprovechan al máximo los aceites esenciales de los ingredientes aromáticos. Se cree que esta última técnica fue introducida por los musulmanes antes del siglo XIV, al destilar el vino en los alambiques para obtener su esencia o espíritu: el alcohol.
En España se producen tradicionalmente magníficos licores, tanto por su sabor como por la calidad de las propiedades de las hierbas y especias con las que se elaboran. Todos se basan en antiguas recetas, muchas de ellas preservadas secretamente en conventos, y se elaboran de forma tradicional.
Se recomienda beberlos lentamente y a sorbos muy pequeños, y la temperatura ideal sería la del ambiente.