
La cocina española no utiliza demasiados condimentos ni en gran cantidad para sus recetas, al menos en comparación con las costumbres culinarias de otros países o continentes.
Es tradicional el uso de hierbas aromáticas, casi siempre frescas, y de algunas especias, pero generalmente usadas con moderación. Quizás la gran calidad y frescura de la variadísima gastronomía española nunca requirió de muchos disfraces a base de especias, aún cuando pudieran cultivarse en nuestros campos.
Pero hay dos condimentos que sí forman parte cultural de la cocina española, que aportan personalidad y delicioso sabor a los platos. Se trata del Azafrán de La Mancha y del Pimentón, éste último con dos orígenes y, por tanto, denominaciones: el extremeño Pimentón de La Vera y el Pimentón de Murcia.
Por su parte, el vinagre es un producto arraigado en la gastronomía española. Con él se elaboran desde antiguo conservas, encurtidos y escabeches, y se aderezan ensaladas y otras muchas recetas tradicionales.
El más famoso de los vinagres españoles es el Vinagre de Jerez, fermentado a partir de ese peculiar y reconocido vino. Otro gran vinagre cuya tradición avala una Denominación de Origen específica, es el Vinagre Condado de Huelva.